HAY ENCUENTROS QUE TRANSFORMAN UNA VIDA.

 

Cómo un diagnóstico cambió mi vida y dio comienzo a mi camino en la investigación y el estudio de las plantas medicinales.

Algunas personas llegan para enseñarnos algo. Algunos lugares nos cambian para siempre. Y, a veces, quien llega es una planta.

En mi caso fue un ciprés.

En aquel momento todavía no sabía que dedicaría mi vida al estudio de las plantas medicinales. No conocía la fitoterapia mediterránea, el Ayurveda, la Medicina Tradicional China ni las Flores de Bach. Solo sabía que mi cuerpo estaba intentando decirme algo y que necesitaba comprenderlo.

Corría el año 2005 cuando recibí un diagnóstico que me dejó profundamente inquieta: un bocio con varios nódulos en la tiroides.

La propuesta médica fue inmediata: medicación diaria y seguimiento.

Era una opción legítima y necesaria para muchas personas. Sin embargo, dentro de mí apareció una pregunta que no conseguía acallar.

¿Por qué mi cuerpo estaba expresando aquello?

No buscaba una solución milagrosa. Buscaba comprender.

Y esa pregunta fue el verdadero comienzo de mi camino. El encuentro que lo cambió todo.

Poco tiempo después conocí a un naturópata que me invitó a mirar mi proceso desde otra perspectiva.

Me habló del ciprés. Recuerdo perfectamente mi sorpresa.

Nunca habría imaginado que un árbol tan común pudiera convertirse en un compañero de viaje.

Comencé un protocolo que incluía infusiones de ciprés, suplementación con yodo y algunos cambios en mi alimentación y en mi forma de vivir.

Nada prometía resultados inmediatos. No había recetas mágicas. Solo constancia, observación y tiempo.

Tres meses después, en la revisión médica, los nódulos ya no estaban presentes.

Aquella experiencia marcó un antes y un después en mi vida.

No porque considere que el ciprés «curó» mis nódulos. Cada cuerpo es único y cada proceso responde a múltiples factores. Mi experiencia personal no sustituye la evidencia científica ni el seguimiento médico, y nunca debería interpretarse como una garantía de que otras personas obtendrán el mismo resultado.

Lo que realmente transformó mi vida fue comprender que el cuerpo no siempre necesita ser silenciado.

Muchas veces necesita ser escuchado.

Y las plantas pueden convertirse en grandes compañeras para aprender ese lenguaje.

Antes de estudiar una planta, aprendí a observarla

Con los años descubrí que no me bastaba conocer las propiedades medicinales de una planta.

Necesitaba observar cómo vivía.

Comprendí que una planta empieza a hablar mucho antes de convertirse en una infusión.

Habla en la forma en la que crece. En la manera en la que resiste. En cómo se adapta al paisaje. En cómo habita el mundo.

El ciprés no intenta ocupar todo el espacio.

Crece hacia arriba. Mantiene un eje firme incluso cuando el viento sopla con fuerza. No necesita flores llamativas para hacerse visible. Su presencia es serena. Silenciosa. Constante.

Es un árbol que parece recordarnos que la verdadera fortaleza no siempre hace ruido.

Mientras otros árboles extienden sus ramas buscando ocupar más territorio, el ciprés concentra toda su energía en sostener su verticalidad.

No invade. No compite. Simplemente permanece.

Y quizá por eso, cuando yo necesitaba recuperar mi propio eje, fue precisamente él quien apareció en mi camino.

Con el tiempo comprendí que observar una planta es también una forma de estudiarla.

Su biología ya nos habla de su manera de habitar el mundo.

La inteligencia del ciprés

El ciprés (Cupressus sempervirens) es una especie extraordinariamente adaptada al paisaje mediterráneo.

Sus hojas, transformadas en pequeñas escamas, reducen la pérdida de agua y le permiten soportar largos periodos de sequía.

Su sistema radicular le proporciona una gran estabilidad incluso en terrenos difíciles.

Permanece verde durante todo el año. Resiste el calor, el viento y el paso del tiempo con una serenidad admirable.

Tradicionalmente ha sido plantado para proteger caminos, delimitar espacios y crear refugio frente al viento.

Cuando observo su forma de vivir no puedo evitar preguntarme si su medicina comienza mucho antes de entrar en nuestro organismo.

Quizá también nos enseña a mantener nuestro propio eje.

A poner límites.

A conservar la calma en medio de las tormentas.

A permanecer fieles a quienes somos.

Desde entonces comprendí que nunca vuelvo a mirar una planta preguntándome únicamente para qué sirve.

Primero necesito comprender quién es.

La medicina del ciprés

Desde la fitoterapia mediterránea, el ciprés ha sido utilizado tradicionalmente por sus propiedades astringentes y reguladoras de la circulación.

Sus gálbulos y otras partes contienen aceites esenciales, taninos y compuestos fenólicos que han despertado el interés de la investigación por sus actividades biológicas.

Sin embargo, es importante distinguir entre el uso tradicional y la evidencia científica disponible.

Actualmente no existen pruebas suficientes para afirmar que el ciprés trate o cure los nódulos tiroideos o el hipotiroidismo.

Mi historia pertenece a mi experiencia personal y nunca debe sustituir el diagnóstico, el tratamiento o el seguimiento realizado por profesionales sanitarios.

Las plantas pueden acompañar.

Pero siempre deben hacerlo desde una práctica responsable, personalizada y respetuosa con cada persona.

Lo que realmente cambió aquel día

Con el tiempo comprendí que el regalo del ciprés no fue únicamente acompañar un momento difícil de mi salud.

El verdadero regalo fue enseñarme una nueva forma de mirar las plantas.

Desde entonces, cada vez que conozco una especie nueva intento hacerme las mismas preguntas.

¿Cómo vive?

¿Qué estrategias ha desarrollado para adaptarse?

¿Qué nos revela su biología?

¿Qué puede enseñarnos antes incluso de hablar de sus principios activos?

Ese modo de observar se convirtió, casi sin darme cuenta, en la base de todo mi trabajo.

Hoy, después de más de diecisiete años dedicados al estudio de la fitoterapia mediterránea, el Ayurveda, la Medicina Tradicional China y las Flores de Bach, sigo creyendo que las plantas son mucho más que un conjunto de propiedades medicinales.

Son maestras de adaptación.

Son memoria del territorio.

Son inteligencia viva.

Y, cuando aprendemos a observarlas con atención, también nos enseñan algo sobre nosotros mismos.

Porque, a veces, pensamos que somos nosotros quienes elegimos una planta.

Hoy creo que, en determinados momentos de la vida, también son ellas quienes nos encuentran.

Y desde aquel encuentro sigo estudiándolas cada día.

No solo para descubrir qué pueden hacer por nosotros.

Sino para comprender cómo viven.

Porque estoy convencida de que es ahí, en su manera de habitar el mundo, donde comienza su verdadera medicina.

— Irene Apolo

 

Preguntas frecuentes

¿Para qué se utiliza tradicionalmente el ciprés?

En la fitoterapia mediterránea se ha empleado tradicionalmente para favorecer la circulación venosa, aliviar la sensación de pesadez en las piernas y por sus propiedades astringentes.

¿Puede el ciprés sustituir un tratamiento médico para la tiroides?

No. El ciprés no debe utilizarse como sustituto del diagnóstico, tratamiento o seguimiento médico en enfermedades tiroideas. Mi experiencia es personal y no puede extrapolarse a otras personas.

¿Por qué fue tan importante el ciprés en mi historia?

Porque fue la primera planta que me enseñó que comprender el cuerpo y observar la naturaleza podían formar parte del mismo camino. Ese encuentro despertó mi vocación y dio origen a la manera en la que hoy acompaño a otras personas.

 

Este artículo comparte una experiencia personal y tiene un propósito divulgativo. No sustituye el consejo, el diagnóstico ni el tratamiento de profesionales sanitarios. Si padeces una enfermedad tiroidea o cualquier otra condición de salud, consulta siempre con tu equipo médico antes de iniciar cualquier tratamiento con plantas medicinales.

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Irene apolo
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